La huida a Egipto

He aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Mateo 2:13

Los magos ya habían salido de Jerusalén para comenzar su viaje de regreso a casa, con lo cual quedaba frustrado el plan de Herodes de destruir al bebé Jesús. Ahora José recibió la indicación de tomar a Jesús y a su madre y huir al sur, a Egipto. Resulta sumamente conmovedor ver al Hijo de Dios convertido en un bebé refugiado e identificándose con los desposeídos del mundo.

Pero Mateo detecta algo más. Ve esta huida a Egipto como cumplimiento de las Escrituras. ‘Para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo’ (v. 15). No quiere decir que estas palabras de Oseas 11:1 fueran una predicción literal de la huida de la familia santa a Egipto, ya que la referencia original era al éxodo. Más bien, lo que entiende Mateo es que la historia de Jesús es una recapitulación de la historia de Israel.

Del mismo modo que Israel había estado oprimido bajo el despótico gobierno del faraón, también el niño Jesús se convirtió en un refugiado en Egipto debido al despótico gobierno de Herodes en Palestina. Así como Israel cruzó las aguas del mar Rojo, también Jesús cruzó las aguas del bautismo de Juan en el río Jordán. Israel fue puesto a prueba en el desierto de Sin durante cuarenta años, Jesús fue puesto a prueba en el desierto de Judea durante cuarenta días. Y así como Moisés dio la ley a Israel en el monte Sinaí, también Jesús entregó las Bienaventuranzas a sus discípulos en el Sermón del Monte, expresando en ellas la verdadera interpretación y alcance de la ley.

Solo nos queda maravillarnos ante la providencia de Dios en esta reiteración de un esquema de la historia sagrada.

Siga leyendo: Oseas 11:1; Mateo 2:13–18 Oremos: Gracias Por la Libertad que nos ha otorgado en Cristo Jesús, Amen.

Ps. Caceres