«Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén».
Con esta petición el apóstol pedía que Dios se manifestara entre ellos, para que experimentaran su presencia concretamente como Dios de paz.
De no ser por la soberana providencia del Señor, su pueblo no tendría jamás descanso en este mundo. Pero Él gobierna en medio de sus enemigos (Salmo 110:1–2) e imparte a su pueblo una considerable medida de paz con respecto a sus adversarios.
Esto nos muestra que deberíamos pedir sin cesar que Dios nos imparta su paz o, de lo contrario, es probable que recibamos ataques de todas partes.
La paz es una bendición que las iglesias necesitan mucho. Deberíamos orar «por la paz de [la] Jerusalén [espiritual]» como nuestra principal alegría.
La expresión, «y el Dios de paz sea con todos vosotros» implica que los creyentes deben vivir en armonía, que la amistad y la concordia han de prevalecer entre ellos, para que no haya amargas desavenencias que ofendan a Dios y le lleven a retirar su presencia de ellos.
«Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros» (Filipenses 4:9).
Tanto los creyentes como las iglesias y grupos cristianos han de sujetarse a la autoridad de Dios y mantener una disciplina bíblica para disfrutar la paz de Dios (ver 2 Corintios 13:11).
Charles Hodge dijo acertadamente:
«Es vano que invoquemos la presencia del Dios de amor y paz si no nos esforzamos por librar nuestros corazones de toda mala pasión».
Oración:
Padre, gracias por tu paz. He terminado de leer esta serie devocional acerca de tu paz; viviré en ella y por ella.
Ayúdame a ser un agente de paz en esta tierra y proclamar tu paz a las generaciones venideras.
En Cristo Jesús, amén y amén.
Ps. Cáceres
