Ciñamos por un momento “los lomos de nuestro entendimiento” y esforcémonos en contemplar a alguien completamente distinto, alguien infinitamente más excelente: aquel que no conoce la ansiedad ni la inquietud, aquel que disfruta una calma ininterrumpida: «El Dios de paz».
Parece extraño que los escritores cristianos no reflexionen más a menudo sobre esta gloriosa excelencia del carácter divino. Devotos escritores se han ocupado de la soberanía de Dios, así como de su poder, santidad e inmutabilidad; sin embargo, la paz de Dios no ha recibido mucha atención.
Se han predicado numerosos sermones sobre «el Dios de amor» y «el Dios de toda gracia», pero ¿dónde encontraremos alguno sobre «el Dios de paz» fuera del contexto de la reconciliación?
Solo una vez en toda la Escritura se le designa específicamente como «Dios de amor», y solo otra vez como «Dios de toda gracia», mientras que la designación «Dios de paz» aparece cinco veces. Como tal, todo su ser se caracteriza por una perpetua calma; Él es infinitamente bendito en sí mismo.
Los nombres y títulos de Dios nos dan a conocer su ser y su carácter. Al meditar en cada uno de ellos, uno por uno, con fe y dándoles un lugar en nuestro corazón y mente, Dios nos capacita para formarnos un concepto más completo y profundo de quién es Él, de su relación con nosotros y de su actitud hacia nosotros.
Dios es la fuente de todo bien, la suma de toda excelencia.
Todas las gracias y virtudes que vemos en los creyentes son como rayos dispersos, emanados de Aquel que es luz.
Cuando solo pensamos o hablamos de Dios desde uno de sus títulos, ya sea «el Altísimo» o «nuestro Padre», no solo le hacemos una injusticia, sino que perdemos nosotros mismos la plenitud de su revelación.
Así como debemos leer y considerar toda la Palabra para estar «enteramente preparados para toda buena obra», también debemos meditar en todos los títulos divinos para comprender su carácter completo, reconocer quién es nuestro Dios y la suficiencia absoluta que Él es para nosotros.
«El Dios de paz».
Según el uso de esta expresión en el Nuevo Testamento, este título nos muestra:
- Lo que Él es en su esencia: la fuente de la paz.
- Lo que Él es en función de pacto: quien ordena y establece la paz.
- Lo que Él es judicialmente: quien provee la paz, el Dios reconciliado.
- Lo que Él es como Padre: quien imparte la paz a sus hijos.
- Lo que Él es en su gobierno: quien ordena la paz en la Iglesia y en el mundo.
A medida que desarrollemos este bosquejo, su significado será aún más claro.
Oremos:
Que tu paz hoy sea sobre mí.
Inúndame, Espíritu Santo, con esa paz gloriosa que solo Tú posees; porque Tú eres la esencia misma de la paz.
Amén.
Ps. Cáceres
