Entonces Jesús le dijo [al ladrón penitente]: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:43
Los cuatro evangelistas nos dicen que esa siniestra mañana las tres cruces fueron levantadas en el Gólgota
(‘lugar llamado de la Calavera’ [v. 33]). Dejan en claro que Jesús ocupaba la cruz del centro, mientras que dos
ladrones (‘malhechores’ según Lucas) fueron crucificados uno a cada lado.
En un primer momento los dos malvivientes se sumaron al coro de odio al que ahora se había sometido a Jesús
(Mateo 27:44). Pero solo uno de ellos continuó lanzándole insultos y desafiándolo a salvarse a sí mismo y a ellos.
El otro ladrón, en cambio, reprochó a su compañero: ‘¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma
condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos … mas éste ningún mal hizo’ (Lucas 23:40–41).
Entonces, volviéndose hacia Jesús, el ladrón penitente dijo ‘Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino’
(v. 42).
Resulta notable este reconocimiento del reinado de Jesús. Sin duda el ladrón penitente había oído a los
sacerdotes burlándose de que Jesús declaraba ser el rey de Israel, y probablemente había leído la inscripción
colocada sobre su cabeza: ‘JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS’. También había observado su dignidad serena,
propia de un rey. De alguna manera, había llegado a la convicción de que en efecto Jesús era un rey. Había
escuchado su intercesión a favor de sus verdugos, y sabía cuánto necesitaba él mismo ser perdonado, ya que
confesó que estaba siendo castigado con justicia.
A su clamor, Jesús respondió: ‘De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso’ (v. 43). No hubo
recriminaciones. No le reprochó haberse arrepentido en la hora final. No hubo expresión de dudas sobre la
sinceridad de su arrepentimiento. Él simplemente le dio al penitente la seguridad que anhelaba. Le prometió no
solo la entrada al paraíso, sumado a la alegría de la presencia de Cristo, sino un ingreso inmediato ese mismo
día. Y le confirmó esa certeza con su conocida expresión ‘de cierto te digo’, usada por última vez en aquella
ocasión. Imagino que, durante las largas horas de sufrimiento que siguieron, el ladrón perdonado pudo
mantener su corazón y su mente apegados a la segura y redentora promesa de Jesús.
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25 mayo 2026