Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Lucas 23:34
Jesús dijo desde la cruz siete breves pero valiosas frases, que en conjunto arrojan luz sobre el hecho de la cruz.
Ninguno de los evangelistas las registra a todas. Mateo y Marcos preservan una sola (el grito de abandono), en
tanto que de las seis restantes Lucas registra tres y Juan otras tres. La iglesia ha valorado estas expresiones
conocidas como las siete palabras de la cruz, reconociendo que revelan pensamientos de Jesús que de otra
manera nos serían desconocidos.
Las tres primeras palabras nos retratan a Jesús como nuestro ejemplo. Expresan el amor que manifestaba a los
demás. ‘No lloréis por mí’ había dicho en una oportunidad anterior (v. 28). Tampoco lloró por sí mismo. No
quedó sumergido en la autocompasión por su dolor y soledad ni por la grave injusticia cometida contra su
persona. En realidad no pensaba en sí mismo sino en los demás. Ya no le quedaba nada por dar; hasta sus ropas
le habían sido quitadas. Pero todavía tenía la capacidad de dar su amor. La cruz es la personificación de la
autoentrega: allí mostró su preocupación hacia los hombres que lo crucificaban, hacia la madre que lo había
dado a luz, y hacia el ladrón penitente que estaba muriendo a su lado.
La primera expresión fue una plegaria de perdón hacia sus verdugos. Piense en lo notable de este acto. Sus
padecimientos físicos y emocionales habían sido casi insoportables. Ahora lo desnudaron, lo recostaron de
espaldas sobre la cruz, y las rudas manos de los soldados blandieron torpemente sus martillos. ¿No pensaría
ahora en sí mismo? ¿No se quejaría contra Dios como lo hizo Job, o le rogaría que lo vengara, o mostraría algún
atisbo de lástima por sí mismo? No, pensó en los demás. Podría haber clamado de dolor, pero sus primeras
palabras son de intercesión por sus enemigos. Los dos criminales a su lado maldecían y blasfemaban. Jesús no
lo hizo. Puso en práctica lo que había predicado en el Sermón del Monte: ‘Amad a vuestros enemigos, haced
bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian’ (Lucas 6:27–28).
¿Por quiénes estaba intercediendo? Sin duda especialmente por los líderes judíos que habían rechazado a su
Mesías. En respuesta a la oración de Jesús se les concedieron cuarenta años de tregua, durante los cuales cientos
de ellos se arrepintieron y creyeron en Jesús. En el año 70 cayó el juicio de Dios sobre la nación, Jerusalén fue
conquistada y su templo destruido.
Por favor siga leyendo: Mateo 18:21–35
18 mayo 2026