Pero Dios lo ha resucitado, librándolo de las garras de la muerte. Y es que no era posible que la muerte [lo] dominase
… Hechos 2:24, BLP
El entierro de Jesús forma parte del evangelio, como vimos ayer, porque confirma tanto la realidad de su muerte
como la naturaleza corporal de su resurrección. En consecuencia, debemos aferrarnos firmemente a estas
verdades. A la vez, también debemos insistir en que el Cristo al que adoramos no es el Cristo muerto y enterrado
sino el que resucitó y está vivo. Sin embargo, algunos cristianos profesantes parecen creer en un Jesús que está
más muerto que vivo.
Como ilustración de este hecho, citaré la tesis desarrollada por el doctor John Mackay en su famoso libro titulado
El otro Cristo español. Mackay vivió veinte años como misionero en Perú y más tarde fue un destacado
presidente del Seminario Teológico de Princeton. En este libro reseña la terrible historia de los conquistadores
españoles que conquistaron y colonizaron a los pueblos nativos de América Latina por la fuerza bruta, a
comienzos del siglo XVI. El retrato de Jesús que el catolicismo español introdujo al continente era una pintura
trágica. De una de las efigies en particular Mackay escribió lo siguiente: ‘Está muerto … Este Cristo … no volverá
a levantarse’.
Resulta sin duda impresionante que alrededor de cincuenta años después de que John Mackay estuviera en
Perú, el fallecido Henri Nouwen visitara ese país. Ambos hombres, el misionero presbiteriano y el sacerdote
católico romano, llegaron a la misma conclusión. Nouwen escribió en su diario, respecto al catolicismo peruano:
No vi en ningún lugar signo alguno de la resurrección, en ningún sitio se me recordaba la verdad
de que Cristo venció al pecado y a la muerte, y se levantó victorioso de la tumba. Todo quedaba
en el Jueves Santo. La Pascua de resurrección estaba ausente … El casi excluyente énfasis en el
cuerpo torturado de Cristo me impresiona como una perversión de las Buenas Nuevas, a las que
convierte en una historia mórbida que intimida … a las personas, pero no las libera.
Sin duda John Mackay y Henri Nouwen estaban en lo cierto. La buena noticia es que el Cristo crucificado ha
resucitado y vive. ¡Aleluya!
Siga leyendo: Hechos 2:22–32
11 mayo 2026