Espiritualidad mística Parte 1

Detrás de la noción de espiritualidad mística se encuentra el concepto, muchas veces ilusorio, de misticismo, cuyo significado ha variado a lo largo de la historia del cristianismo. Joseph Fletcher, eticista de la situación, desistió de ofrecer una definición adecuada y declaró al respecto que: “la mística es algo que comienza con una neblina y termina con un cisma”.

Evelyn Underhill, en su ya clásico análisis del tema, señalaba el carácter de “universalidad” de la mística por encima de las barreras divisorias de la religión, afirmando que: “todos los místicos hablan el mismo lenguaje y proceden de un mismo lugar”.

En contraste con estas posturas, la propia historia de la Iglesia da testimonio de que el origen de lo místico se encuentra en el mysterion del Nuevo Testamento:
“el misterio que se ha mantenido oculto por siglos y generaciones, pero que ahora se ha manifestado a sus santos” (Colosenses 1:26).

Es allí donde se hace manifiesto el secreto de la vida: una abertura donde antes había un muro; una participación del pueblo de Dios en ese mysterion, “que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).

Estas afirmaciones del apóstol Pablo ejemplifican la voz distintiva de una teología revelada y centrada en Cristo, la cual constituye, por derecho propio, el corazón y la esencia de una mística plenamente cristiana.

Puedo afirmar que este versículo, cada vez que lo escudriño, me revela una gracia mayor. Me recuerda que nunca he sido ni seré el centro de atención. Dios tenía un plan, y ese plan era un misterio revelado en Cristo.

Oración

Oremos:
Padre, ayúdame a entender cuál es la profundidad de este misterio: Cristo en mí, esperanza de vida eterna.
Gracias, en Cristo Jesús.
Amén y amén.

Ps. Cáceres