Jonathan Edwards, fue un predicador americano que en 1727 trajo un avivamiento espiritual. Se investigaron mil cuatrocientos descendientes de este predicador: trescientos fueron pastores, trece autores importantes, trece presidentes de colegio, sesenta y cinco profesores de colegios, cien abogados; en su descendencia hubo treinta jueces, cincuenta y seis médicos, ochenta encargados de oficinas públicas, trece senadores y un vicepresidente de los Estados Unidos. Me llamó la atención cuando leí esto porque Jonathan Edwards leyó un pasaje en Génesis que se le encendió el bombillo; el pasaje era: “porque toda la tierra que tú ves la daré a ti y a tu simiente”; y dice la historia que cuando Jonathan Edwards vio su simiente dijo: “toda mi descendencia será bendecida en el nombre del Señor”. Nosotros vamos a declarar algo poderoso, porque tus hijos y los hijos de tus hijos, tus padres y tus abuelos, o sea descendencia y ascendencia, todos estarán bendecidos; no solamente familias sino amigos, compañeros de trabajo y todos los que se nos crucen. declararemos el poder del ADN espiritual y bendeciremos a las naciones de la tierra.
Jacob tiene un hermano llamado Esaú; toda la vida vive peleado con el hermano, toda la vida huyendo porque Jacob fue un tramposo. Esaú lo persigue y lo busca para matarlo; Jacob huye, pero llega un momento -cuenta la Biblia- que no puede huir más porque tiene mucho ganado, tiene familia, tiene hijos, ya no se puede mover como antes. Entonces Jacob no sabe qué hacer y se entera que el hermano lo está buscando con cuatrocientos hombres. ¿Qué hace Jacob? lo que haríamos todos nosotros, empieza a orar; y de pronto dice: “¿cómo hago para frenar a mi hermano?, ya sé, le voy a dar regalos”. Junta doscientas ovejas, doscientas vacas, treinta carneros, junta todos los animales para ganar la simpatía, y se los envía a Esaú para que no lo mate. Se queda sólo, y mientras está sólo aparece un ángel de Dios. Cuando Jacob ve que es un ángel empiezan a pelear con él, y le dice:
“¡bendíceme!”, y el ángel le dice: “¡sal!”, y empiezan a pelear… trompadas, forcejeos, “¡no te dejaré -dice Jacob- hasta que no me bendigas, me vas a bendecir!” ¿Qué quería decir ‘Bendíceme’?, quería decir sálvame de mi hermano que me va a matar. El ángel lo dejó rengueando a Jacob, y le dice “¿cómo te llamas?”, “Jacob”, “no te llamarás más Jacob (que significa tramposos), Tu ahora te llamas Israel, que quiere decir príncipe, porque has peleado delante de Dios y delante de la gente, y Dios te ha visto grande”; literalmente el ángel le dice: “tú no eres tramposo, usurpador; tu eres grande delante de Dios y delante de la gente, porque tu problema no es tu hermano, tu problema es que no sabes quién eres; mientras no sepas quién eres vivirás huyendo, vivirás peleando con tu familia; pero cuando sepas que eres un príncipe, que eres grande delante de Dios, dejarás de huir”.
¿Se acuerdan los papás de antes que decían: “mi hijo el doctor”, y estaban orgullosos? Dios es así con nosotros; cuando Él te presenta delante de los ángeles Dios dice: “este hijo mío es grande delante de mí y delante de la gente, lo hizo con Job delante de
satanás, con Jesús delante de multitudes en el Jordán, porque eres un príncipe”. Jacob se encuentra con el hermano, se pone de rodillas siete veces y le pide perdón.
Sólo los príncipes dejan de huir, sólo los príncipes piden perdón, sólo los príncipes se reconcilian. ¿Sabes por qué el hermano no lo mató a Jacob? Porque Jacob ya no existía más; había nacido Israel, el príncipe del Señor. Tus eres grande delante del Señor, tu eres grande delante de la gente, Dios no va a venir a resolver tu problema sino a despertarte para decirte que no eres lo que dijeron que eres, sino lo que Dios programó en el cielo: tu eres grande delante de Dios y delante de la gente.
Entonces ahora Jacob se va con su esposa Raquel. Van camino a Belén que significa casa de pan; a mitad de camino rompe fuente la esposa y pare a uno de sus hijos. Dicen los teólogos que parió trillizos; saca uno, saca otro, cuando se está muriendo -la medicina no estaba avanzada como ahora- dice la partera: “puja» que quedó uno más adentro” y cuando nace el tercero dice que la mujer quedó con tan poca fuerza que se estaba muriendo, y cuando vio al bebé le dijo:”te voy a llamar Benoni, hijo de mi tristeza” y se murió. Su papá Jacob -príncipe- tomó al bebé y dijo: “no te van a llamar tristeza, te van a llamar hijo de mi mano derecha “…
Toda atadura de tristeza será cancelada sobre mi vida La gente te quiso poner un nombre, la gente te quiere llamar tristeza, la gente te ha llamado pobre, loco, tonto, inútil, sin sentido; pero quien tiene la última palabra no es la gente, ni la circunstancias, sino el Padre. El padre, Jacob, dijo: “no van a definir la tristeza; aquí el padre es el que tiene la última palabra”.
A ti te han llamado de muchas maneras, pero en esta reflexión yo te digo: no eres hijo(a) de la circunstancia, eres hijo (@) de la mano derecha del Padre, y el Padre va a cancelar todas las demás voces. La gente opinó de ti, la gente te puso nombre, pero todo eso es cancelado; que digan lo que quieran, pero la última palabra la tiene Papá, y Papá te dice: hijo de mi mano derecha.
Cuando Jacob le dijo Benjamín hijo de mi mano derecha le estaba cancelando la culpa, porque cuando la mamá le dijo tristeza y murió, ese nene iba a crecer con la culpa: “yo maté a mamá, yo la destruí, fue por mi culpa”. Quiero hablarles a los que han perdido a
los seres queridos y se están torturando en el interior “por qué hice esto, por qué hice aquello, por qué no hice lo otro”, yo quiero decirte que todo eso el Padre lo va a cancelar. Cuando Jacob tomó al bebé le dijo: “no, no, tu no eres culpable de lo que le pasó al otro, de lo que decidió el otro, de lo que el otro sintió; Tu eres libre de toda culpa porque no eres hijo de las circunstancias eres hijo de mi mano derecha”. Sé libre de todo reproche. Sea la Paz, Oremos padre soy amado, soy el hijo de tu mano derecha. Gracias, en Cristo Jesus amen, Amen
Ps. Cáceres
Jose Ramon Bernadac
Amen, bendiciones.