Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó
a gran voz, diciendo: … Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Mateo 27:45–46
Si las tres primeras palabras desde la cruz nos muestran a Jesús como nuestro ejemplo, la cuarta (y luego la
quinta) lo retratan cargando nuestros pecados. La crucifixión tuvo lugar a eso de las 9 de la mañana (‘la hora
tercera’), y al parecer las tres primeras palabras se pronunciaron cerca del comienzo de este proceso. Luego
hubo silencio. Alrededor del mediodía (‘la hora sexta’), cuando el sol estaba en el meridiano, una inexplicable
oscuridad cubrió el lugar. No pudo haber sido un eclipse natural de Sol, porque la fiesta de la Pascua se realizaba
en días de luna llena. Este fue un fenómeno sobrenatural, quizás dispuesto por Dios para simbolizar el horror
de la terrible oscuridad en la que ahora estaba sumergida el alma de Jesús. Estas tinieblas se prolongaron
durante tres horas, durante las cuales el Salvador sufriente no dejó escapar de sus labios ni una sola palabra.
Cargó nuestros pecados en absoluto silencio.
Entonces, repentinamente, como a las a las 15 (‘la hora novena’), Jesús rompió el silencio y dijo en rápida
sucesión las cuatro palabras restantes desde la cruz, comenzando con el clamor: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has desamparado?’. Solo Mateo y Marcos registran este terrible grito, en la expresión aramea original: ‘Elí,
Elí, ¿lama sabactani?’. Los observadores circunstanciales que dijeron: ‘A Elías llama éste’ (v. 47), seguramente
estaban burlándose; ningún judío hubiera sido tan ignorante del arameo como para hacer una equivocación tan
absurda.
Hay plena coincidencia de que Jesús estaba citando Salmos 22:1. ¿Por qué lo hizo, por qué se declaró
abandonado? Solo puede haber dos explicaciones coherentes. O bien Jesús estaba equivocado y no había sido
abandonado, o estaba diciendo la verdad y en efecto había sido abandonado. En cuanto a mí, desecho la primera
explicación. Me parece inconcebible que Jesús, en el momento de su entrega máxima, hubiera podido
equivocarse y haberse imaginado que estaba abandonado por el Señor. La explicación alternativa es sencilla y
directa. Jesús no estaba equivocado. La situación en la cruz era de abandono por parte de Dios, y esa alienación
se debía a nuestros pecados y a la justa penalidad que merecían. Jesús expresó esta terrible experiencia de
abandono de parte de Dios citando las únicas palabras de las Escrituras que habían predicho esa circunstancia
y que él cumplía plenamente
Para que leas un poquito más: Gálatas 3:6–14