Mateo 9:26-29

La mujer, los mensajeros de Jairo y los ciegos que se acercaron a Jesús en estas narrativas; vinieron todos con una gran expectación, una expectativa.

Saben mis amados lectores, si no venimos al trono de la gracia a Jesús con expectación de ver las manos de Dios obrando en nuestras vidas, les aseguro que vivimos vidas con pocos logros, con poca fe, o mejor dicho una vida sin sustancia, una vida apagada.

La fe necesita ser ejercitada, como los músculos de nuestros cuerpos.
Dios prueba nuestra fe y como consecuencia nuestras expectativas.

1. La prueba del dinero

Todos tenemos la expectación de cobrar un salario al fin de mes, cada dos semanas, semanal, o como sea el caso. Para muchos de nosotros la finanza es la prueba más grande de todas.

¿Sabe usted que Dios usa el dinero para probar nuestra fe?
Mire lo que dice Lucas 16:11:

“Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” (TLA)

Por esta razón, no rehúyas a esta prueba de fe; pues traerá riqueza a tu propia vida.

2. La prueba del retraso

A nadie nos gusta esperar, y si se trata de largas filas peor aún.
Sin embargo, el Salmo 37:34 nos dice:

“Pero tú, confía en Dios y cumple su voluntad.
Él te pondrá muy en alto y te dará la tierra prometida.
¡Ya verás con tus propios ojos cuando los malvados sean destruidos!” (TLA)

Hay un dicho que dice: “Primero el gusto y luego el susto”.
Pero Dios nos enseña que el gusto será mayor si esperamos en Su tiempo.

3. La prueba de las dificultades

Los desafíos en la vida prueban nuestra fe y aumentan nuestras expectativas.
Dice 1 Pedro 1:6-7:

“Aun cuando por algún tiempo tengan que pasar por muchos problemas y dificultades, ¡alégrense!
La confianza que tienen en Dios es como el oro… si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro… y será alabada.” (TLA)

4. La prueba de las cosas pequeñas

Es irracional tener gran expectativa sin haber pasado primero por lo pequeño.
Lucas 16:10 afirma:

“Al que cuida bien lo que vale poco, también se le puede confiar lo que vale mucho.” (TLA)

Mis amados, si cada oración fuese contestada de inmediato, si cada necesidad fuese cubierta automáticamente, si cada problema se resolviera sin retraso, no necesitaríamos la fe.
Pero gracias a Dios no es así.
Nuestra expectativa crece, nuestra dependencia de Dios aumenta — eso es lo que Él quiere.

Nuestra fe debe estar tan firme en Cristo que ni el dinero ni los problemas puedan cambiar nuestro deseo de vivir una vida plena y victoriosa en Cristo Jesús.

Conclusión

En el Nuevo Testamento los ciegos, sordos, cojos y leprosos representaban a los oprimidos. Jesús se acercó a ellos como señal de que los tiempos mesiánicos habían llegado. La sanidad, la restauración y la libertad eran señales visibles de la obra del Señor entre ellos.

Jesús respondió a aquellos que dudaban diciendo:

“Díganle a Juan lo que oyen y ven:
los ciegos ven, los cojos andan,
los leprosos son limpiados, los sordos oyen,
los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio.” (Mt. 11:4-5)

Mis amados, vivir sin expectación nos sumerge en una vida hueca y sin propósito.
Cambia tu mente.
Mantente a la expectativa de que algo glorioso acontecerá en tu vida…
¡y verás resultados asombrosos!