Josué 5 | Salmos 132–134 | Isaías 65 | Mateo 13
Tres elementos resaltan en Josué 5.
(1) Aquí, se circuncida a todos los varones nacidos durante los años en los que vagaron por
el desierto. Según y cómo, esto es bastante sorprendente: ¿Por qué no lo hicieron cuando
nacieron los niños? En muchas ocasiones la multitud se quedaba en un lugar por largo periodo
de tiempo y sin duda, desarrollaban vida de comunidad. ¿Qué les impidió que obedecieran este
claro mandato del pacto?
Ha habido muchas teorías, pero carecemos de una definitiva. Más importante aún en este
contexto es el hecho de que el rito se hace ahora a todos por igual. Por ende, surge como un
punto de inflexión, una afirmación simbólica comunitaria del pacto en el momento en que el
pueblo está a punto de entrar a la Tierra Prometida. Egipto ya quedó atrás; el descanso asegurado
les espera. “Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto” (5:9).
(2) El maná cesó (5:10–12). De ahora en adelante, el pueblo se alimentará de “los frutos de
la tierra de Canaán”. Esto también fue una señal dramática de que se habían acabado los días
errantes y que el cumplimiento de la promesa de una nueva tierra comenzaba a revelarse ante
ellos. El cambio les debió haber provocado tanto miedo como emoción, especialmente a toda
una generación que nunca había conocido la vida sin la seguridad del maná.
(3) En los primeros capítulos de este libro, Josué experimenta una serie de hechos que lo
destacan, tanto en su propia mente como en la del pueblo, como el sucesor legítimo de Moisés.
Este capítulo termina con una de estas señales. Sin duda, la más dramática antes de este capítulo
fue cuando cruzaron el río Jordán, una especie de recreación milagrosa del momento en el que
pasaron el Mar Rojo (Josué 3–4). Aparte de ser una manera eficiente de mover a las multitudes
a través del río, la dimensión personal está explícita: “Aquel mismo día, el Señor engrandeció a
Josué ante todo Israel. El pueblo admiró a Josué todos los días de su vida, como lo había hecho
con Moisés” (4:14- aunque esa última frase se debe tomar con un tono un tanto irónico).
Pero, ahora, hay otro paso: Josué se encuentra con un “hombre” que parece ser una especie
de aparición angelical. Él es un guerrero, un “comandante del ejército del Señor” (5:14). Por un
lado, esto fortalece la fe de Josué para creer que el Señor mismo irá delante de él en las
competencias militares que le esperan. Pero aún más: la escena en cierto sentido nos recuerda a
Moisés ante la zarza ardiente (Éxodo 3:5): “porque estás pisando tierra santa”. Si bien estas
circunstancias son únicas, nosotros también debemos tener líderes acostumbrados a estar en
presencia de santidad.
