Parte II: El gozo
Texto bíblico: 1 Tesalonicenses 5:16-18
La breve exhortación «Estad siempre gozosos» resulta especialmente sorprendente si recordamos quién la escribió y a quiénes iba dirigida.
Pablo era un hombre llamado a sufrir continuamente. Como escribiría poco después a los corintios:
«Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y he pasado una noche y un día en lo profundo. Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, a menudo sin comida, en frío y desnudez. Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién es débil sin que yo sea débil? ¿A quién se le hace pecar sin que yo me preocupe intensamente?»
— 2 Corintios 11:24-29
La vida del apóstol era un rosario de preocupaciones, aflicciones y motivos de temor.
Por su parte, los tesalonicenses estaban afrontando una situación de persecución. Habían tenido que soportar la expulsión violenta de los misioneros de su ciudad, la virulenta animosidad de la sinagoga, la injusticia de las autoridades civiles y los continuos conflictos con antiguos amigos y familiares.
El hombre natural experimenta gozo, si acaso, cuando todo va bien. ¿Cómo, entonces, puede el apóstol, quien también estaba sujeto a grandes aflicciones, escribir a lectores rodeados de circunstancias adversas y pedirles que estén siempre gozosos?
La respuesta está clara: el gozo del cristiano no depende, en primer lugar, de sus circunstancias inmediatas, sino de su relación con Cristo.
Está gozoso porque está en Cristo. Aun cuando lo asedian motivos de dolor y tristeza, las grandes verdades de la fe permanecen firmes, y el creyente se regocija en el Señor (Filipenses 3:1; 4:4).
El gozo profundo que el Señor proporciona, inefable y lleno de gloria (1 Pedro 1:8), no es incompatible con las adversidades ni desaparece en medio de las pruebas.
Por eso mismo, el apóstol puede describirse a sí mismo y a sus compañeros como «entristecidos, mas siempre gozosos» (2 Corintios 6:10). También puede afirmar que se gloría en las tribulaciones (Romanos 5:3; véase también Santiago 1:2).
¿No había sido esta su experiencia en la cárcel de Filipos? Aunque estaban malheridos y habían sido tratados injustamente, Pablo y Silas cantaban alabanzas a Dios (Hechos 16:25).
¿Y acaso los tesalonicenses no habían recibido la Palabra en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo (1 Tesalonicenses 1:6)?
Si habían comenzado así su vida de fe, también debían continuar de esa manera.
La vida cristiana es, esencialmente, una vida gozosa.
Atentamente, Pastor Antonio Caceres
