Lecturas bíblicas:
Rut 1 | Hechos 26 | Jeremías 36, 45 | Salmo 9
Jeremías 36 y 45 ofrecen valiosas perspectivas dentro de dos ámbitos: la relación existente entre Jeremías y Baruc, y cómo llegaron a escribirse las profecías del primero.
1. Baruc, el escriba de Jeremías
Baruc, hijo de Nerías (36:4) y hermano de Seraías, oficial al servicio del rey Sedequías (51:59), aparece por primera vez en este libro en el capítulo 32, como testigo legal.
Se deduce, por tanto, que Baruc era el amanuense de Jeremías, es decir, su escriba o secretario.
Baruc tuvo un papel fundamental al registrar por escrito las palabras que Dios había dado a Jeremías.
2. Cuando nuestras expectativas no se cumplen
Parece claro que Baruc creyó en algún momento que estar vinculado con un profeta como Jeremías contribuiría a su progreso.
Ahora lo encontramos profundamente decepcionado al ver que los acontecimientos no se producen como esperaba (Jeremías 45).
La trascendencia de los mensajes que ha estado transcribiendo angustia a su alma y se siente terriblemente deprimido.
Jeremías reacciona de dos formas:
Primero, reprende al joven por pensar únicamente en su propio futuro cuando la nación se está hundiendo por completo.
Sus palabras constituyen una amonestación que muchos necesitan escuchar en el Occidente individualista.
Segundo, lo tranquiliza.
A pesar de la catástrofe que está a punto de caer sobre la ciudad, Baruc sobrevivirá.
Esto nos enseña que, en medio de tiempos difíciles, Dios también conoce nuestras luchas personales y nuestras preocupaciones.
3. La Palabra de Dios escrita
No siempre disponemos de información precisa acerca de cómo llegó la revelación de Dios a los profetas con la forma escrita que tenemos en la Biblia.
En este caso, es maravillosamente específica.
Dios mismo ordena a Jeremías que escriba las palabras y este las dicta meticulosamente a Baruc, que las transcribe.
Nos encontramos en el cuarto año del reinado de Joacim (36:1), alrededor de 605–604 a.C., el año de la batalla de Carquemis, tras la cual Babilonia sustituyó a Egipto como potencia dominante en la región.
Este episodio nos recuerda algo fundamental:
La Palabra de Dios no es simplemente una colección de palabras humanas.
Dios quiso que Su mensaje fuera preservado para que generaciones futuras pudieran conocerlo.
4. El rey que intentó destruir la Palabra
Parece que, al menos en primera instancia, la forma escrita de las profecías de Jeremías tuvo más peso entre las autoridades que la oral, a raíz de la cual fue encarcelado (36:8–19).
Incluso en la actualidad, los medios públicos —periódicos, radio y televisión— tienen más credibilidad para muchas personas que una simple palabra en boca de un amigo.
Lo trágico de la situación es que el rey responde con una actitud cínica y desafiante, rompiendo el rollo y tirándolo al fuego.
Su reacción fue tristemente contraria a la del rey Josías cuando le leyeron el libro de la ley que encontraron (2 Reyes 22:11).
Pero destruir el rollo no significaba destruir la Palabra de Dios.
Qué estupidez absoluta pensar que las palabras de Dios pueden eliminarse tan fácilmente.
¿Es acaso tan corta la memoria del Todopoderoso que no es capaz de recordar lo que ha dicho?
¿Acaso no puede levantar hombres, siervos suyos, que transcriban otra vez el material e incluso incluyan nuevas revelaciones?
Eso es exactamente lo que ocurrió.
Dios ordenó que Jeremías volviera a escribir las palabras que estaban en el rollo destruido, y añadió otras muchas semejantes (Jeremías 36:27–32).
La Palabra de Dios permanece
Lo mismo ocurre con los muchos intentos de destruir las Escrituras que han existido a lo largo de la historia.
Los hombres pueden intentar silenciarla, ridiculizarla, quemarla o prohibirla, pero nadie puede destruir la Palabra de Dios.
Jesús mismo declaró:
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán.”
Mateo 24:35
La Palabra de Dios permanece porque Dios mismo permanece.
Reflexionemos
Jeremías 36 nos presenta dos respuestas completamente diferentes frente a la Palabra de Dios.
Por un lado, tenemos a Baruc, que escucha, escribe y participa en la transmisión del mensaje de Dios.
Por otro lado, tenemos al rey Joacim, que escucha las palabras de Dios y decide rechazarlas, hasta el punto de quemar el rollo.
La pregunta no es solamente si tenemos acceso a la Palabra de Dios.
La pregunta es:
¿Qué hacemos cuando Dios nos habla?
Podemos escucharla y obedecerla.
Podemos escucharla y rechazarla.
Podemos incluso intentar ignorarla.
Pero nuestras acciones nunca cambiarán la verdad de lo que Dios ha dicho.
La Biblia sigue siendo la Palabra de Dios, y sus promesas permanecen firmes.
Tal vez hoy estés atravesando una situación parecida a la de Baruc. Quizás tus expectativas no se cumplieron, tus planes cambiaron y no entiendes lo que Dios está haciendo.
Recuerda que Dios no solamente conoce el futuro; también conoce tu corazón.
No permitas que la decepción te aleje de Su Palabra.
Permite que Su Palabra sea tu refugio, tu guía y tu esperanza.
¿Estoy escuchando la Palabra de Dios con un corazón dispuesto a obedecer?
¿Estoy permitiendo que mis circunstancias determinen mi confianza en Dios?
¿Tengo un verdadero anhelo por los dichos del Señor?
Oremos
Padre amado, ayúdame a ser una persona que viva apasionada por tus dichos.
Dame un corazón dispuesto a escuchar, recibir y obedecer tu Palabra.
Cuando mis planes no se cumplan y mis expectativas se vean frustradas, ayúdame a permanecer firme en Ti.
No permitas que las circunstancias me hagan dudar de tus promesas.
Gracias porque tu Palabra permanece para siempre y porque ninguna fuerza humana puede destruir lo que Tú has hablado.
Ayúdame a guardar tus dichos en mi corazón y a vivir conforme a ellos cada día.
Gracias, Padre, por tu fidelidad y por tu Palabra que es lámpara para mis pies y luz para mi camino.
En Cristo Jesús.
Amén y amén.
P. S. Cáceres
